Entrenamiento del tronco para mejorar las actividades de las personas con un ictus

Antecedentes

El ictus es una enfermedad frecuente que puede provocar discapacidades importantes e incluso la muerte en los adultos. El ictus tiene un impacto importante en varios aspectos del funcionamiento humano, incluida la limitación del movimiento. Un déficit observado con frecuencia tras un ictus es la reducción del funcionamiento del torso. Esta deficiencia se puede caracterizar, entre otras cosas, por una movilidad reducida, un equilibrio reducido en la posición sentada, reacciones tardías o limitadas a trastornos internos y externos, una fuerza muscular reducida y patrones de activación muscular del torso. Tanto los movimientos del torso como el equilibrio en posición sentada son importantes para la autonomía funcional, es decir, la capacidad de realizar tareas cotidianas como vestirse, comer y asearse sin ayuda. El funcionamiento del torso puede pronosticar en gran medida el nivel de recuperación y autonomía tras un ictus.

El entrenamiento del tronco tiene como objetivo recuperar la funcionalidad del torso. El entrenamiento del tronco puede constar de diferentes elementos, como: entrenamiento de la fuerza de los músculos abdominales y de la espalda; ejercicios centrados en mejorar la movilidad del torso; o mejora del equilibrio lateral o hacia delante mientras se está sentado, con el objetivo de mejorar el equilibrio en posición sentada.

El torso es el núcleo del cuerpo; proporciona una base estable para el control y los movimientos de la cabeza y las extremidades. El entrenamiento del torso podría tener un efecto positivo no solo en el funcionamiento del torso, sino también en otros desenlaces como las actividades cotidianas, el equilibrio al estar de pie, la marcha y el bienestar.

Pregunta de la revisión

Se quería averiguar si el entrenamiento del torso mejora las actividades cotidianas de las personas, la funcionalidad del tronco, el equilibrio al estar de pie, el bienestar y otros desenlaces, después de haber sufrido un ictus.

Fecha de la búsqueda

Se realizaron búsquedas en nueve bases de datos y búsquedas manuales en las bibliografías de los estudios pertinentes publicados hasta el 25 de octubre de 2021.

Características de los estudios

Se incluyeron 68 estudios en los que los participantes se dividieron al azar en dos o más grupos, con un total de 2585 participantes. Los estudios compararon el entrenamiento del torso con otra terapia o ninguna terapia después de un ictus.

Resultados clave

Se determinó que el entrenamiento del torso podría dar lugar a mejoras en las actividades cotidianas, la funcionalidad del torso, el equilibrio al estar de pie, el uso funcional del brazo y la mano afectados, los movimientos de la extremidad inferior afectada, la capacidad de caminar y el bienestar.

Calidad de la evidencia

La calidad de la evidencia fue de muy baja a baja.

Conclusiones de los autores: 

Existe evidencia que indica que el entrenamiento del tronco como parte de la rehabilitación mejora las AC, la funcionalidad del tronco, el equilibrio en bipedestación, la capacidad de caminar, la funcionalidad de las extremidades superiores e inferiores y la calidad de vida de las personas tras un accidente cerebrovascular. El entrenamiento del tronco inestable, el entrenamiento selectivo y de la estabilidad central fueron los enfoques de entrenamiento del tronco que más se aplicaron en los ensayos incluidos. Al considerar solo los ensayos con bajo riesgo de sesgo, los resultados se confirmaron en su mayoría, con una certeza de muy baja a moderada, en función del desenlace.

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Antecedentes: 

Anteriores revisiones sistemáticas y ensayos controlados aleatorizados han investigado el efecto del entrenamiento del tronco tras un accidente cerebrovascular. Los resultados indican que el entrenamiento del tronco mejora la funcionalidad y la actividad del tronco o la ejecución de tareas o acciones por parte de la persona. Pero no está claro qué efecto tiene el entrenamiento del tronco en las actividades cotidianas, la calidad de vida ni otros desenlaces.

Objetivos: 

Evaluar la efectividad del entrenamiento del tronco después del accidente cerebrovascular sobre las actividades cotidianas (AC), la funcionalidad del tronco, la funcionalidad o actividad brazo-mano, el equilibrio en bipedestación, la funcionalidad de las piernas, la capacidad para caminar y la calidad de vida en comparación con los grupos control con dosis pareadas y dosis no pareadas.

Métodos de búsqueda: 

Se realizaron búsquedas en el Registro de ensayos del Grupo Cochrane de Accidentes cerebrovasculares (Cochrane Stroke Group), CENTRAL, MEDLINE, Embase y en otras cinco bases de datos hasta el 25 de octubre de 2021. Se realizaron búsquedas en registros de ensayos para identificar más ensayos relevantes publicados, no publicados y en curso. Se realizaron búsquedas manuales en las bibliografías de los estudios incluidos.

Criterios de selección: 

Se seleccionaron los ensayos controlados aleatorizados que compararon el entrenamiento del tronco versus tratamiento control con dosis no pareadas o dosis pareadas que incluyeran adultos (18 años o más) con accidente cerebrovascular isquémico o hemorrágico. Las medidas de desenlace de los ensayos incluyeron AC, funcionalidad del tronco, funcionalidad o actividad brazo-mano, equilibrio en bipedestación, funcionalidad de las piernas, capacidad para caminar y calidad de vida.

Obtención y análisis de los datos: 

Se utilizaron los procedimientos metodológicos estándar previstos por Cochrane.

Se realizaron dos análisis principales. El primer análisis incluyó ensayos en los que la duración de la terapia de la intervención control no coincidía con la duración de la terapia del grupo experimental, y el segundo análisis, incluyó ensayos en los que se comparó con una intervención control con dosis pareadas (igual duración de la terapia tanto en el grupo control como en el experimental).

Resultados principales: 

Se incluyeron 68 ensayos con un total de 2585 participantes.

En el análisis de los grupos con dosis no pareadas (se agruparon todos los ensayos con distinta duración del entrenamiento en la intervención experimental y en la de control), fue posible observar que el entrenamiento del tronco tuvo un efecto positivo sobre las AC (diferencia de medias estandarizada [DME] 0,96; intervalo de confianza [IC] del 95%: 0,69 a 1,24; p < 0.001; cinco ensayos; 283 participantes; evidencia de certeza muy baja), la funcionalidad del tronco (DME 1,49; IC del 95%: 1,26 a 1,71; p < 0,001; 14 ensayos, 466 participantes; evidencia de certeza muy baja), la funcionalidad brazo-mano (DME 0,67; IC del 95%: 0,19 a 1,15; p = 0,006; dos ensayos, 74 participantes; evidencia de certeza muy baja), la actividad brazo-mano (DME 0,84; IC del 95%: 0,009 a 1,59; p = 0,03; un ensayo, 30 participantes; evidencia de certeza muy baja), el equilibrio en bipedestación (DME 0,57; IC del 95%: 0,35 a 0,79; p < 0,001; 11 ensayos, 410 participantes; evidencia de certeza muy baja), la funcionalidad de las piernas (DME 1,10; IC del 95%: 0,57 a 1,63; p < 0,001; un ensayo, 64 participantes; evidencia de certeza muy baja), la capacidad de caminar (DME 0,73; IC del 95%: 0,52 a 0,94; p < 0,001; 11 ensayos, 383 participantes; evidencia de certeza baja) y la calidad de vida (DME 0,50; IC del 95%: 0,11 a 0,89; p = 0,01; dos ensayos, 108 participantes; evidencia de certeza baja). El entrenamiento del tronco con dosis no pareadas no dio lugar a diferencias en el desenlace eventos adversos graves (odds ratio: 7,94; IC del 95%: 0,16 a 400,89; seis ensayos, 201 participantes; evidencia de certeza muy baja).

En el análisis de los grupos con dosis pareadas (se agruparon todos los ensayos con la misma duración del entrenamiento en la intervención experimental y en la de control), se observó que el entrenamiento del tronco tenía un efecto positivo sobre la funcionalidad del tronco (DME 1,03; IC del 95%: 0,91 a 1,16; p < 0,001; 36 ensayos, 1217 participantes; evidencia de certeza muy baja), el equilibrio en bipedestación (DME 1,00; IC del 95%: 0,86 a 1,15; p < 0,001; 22 ensayos, 917 participantes; evidencia de certeza muy baja), la funcionalidad de las piernas (DME 1,57; IC del 95%: 1,28 a 1,87; p < 0,001; cuatro ensayos, 254 participantes; evidencia de certeza muy baja), la capacidad de caminar (DME 0,69; IC del 95%: 0,51 a 0,87; p < 0,001; 19 ensayos, 535 participantes; evidencia de certeza baja) y la calidad de vida (DME 0,70; IC del 95%: 0,29 a 1,11; p < 0,001; dos ensayos, 111 participantes; evidencia de certeza baja), pero no en las AC (DME 0,10; IC del 95%: -0,17 a 0,37; p = 0,48; nueve ensayos, 229 participantes; evidencia de certeza muy baja), la funcionalidad brazo-mano (DME 0,76; IC del 95%: -0,18 a 1,70; p = 0,11; un ensayo, 19 participantes; evidencia de certeza baja) ni la actividad brazo-mano (DME 0,17; IC del 95%: -0,21 a 0,56; p = 0,38; tres ensayos, 112 participantes; evidencia de certeza muy baja). El entrenamiento del tronco tampoco dio lugar a diferencias en el desenlace eventos adversos graves (odds ratio [OR]): 7,39; IC del 95%: 0,15 a 372,38; 10 ensayos, 381 participantes; evidencia de certeza muy baja).

El tiempo transcurrido tras el accidente cerebrovascular dio lugar a una diferencia significativa entre los subgrupos en el equilibrio en bipedestación (p < 0,001) con la terapia con dosis no pareadas. En la terapia con dosis no pareadas, los diferentes métodos de tratamiento del tronco tuvieron un efecto significativo sobre las AC (< 0,001), la funcionalidad del tronco (p < 0,001) y el equilibrio en bipedestación (< 0,001).

Cuando los participantes recibieron terapia con dosis pareadas, el análisis de las diferencias entre subgrupos mostró que el enfoque de terapia del tronco tuvo un efecto significativo sobre las AC (p = 0,001), la funcionalidad del tronco (p < 0,001), la actividad brazo-mano (p < 0,001), el equilibrio en bipedestación (p = 0,002) y la funcionalidad de las piernas (p = 0,002). También en el caso de la terapia con dosis pareadas, el análisis de subgrupos según el tiempo transcurrido tras el accidente cerebrovascular dio lugar a una diferencia significativa en los desenlaces equilibrio en bipedestación (p < 0,001), capacidad de caminar (p = 0,003) y funcionalidad de las piernas (p < 0,001), el tiempo transcurrido tras el accidente cerebrovascular modificó significativamente el efecto de la intervención.

En los ensayos incluidos se aplicaron mayoritariamente los enfoques de entrenamiento de la estabilidad central del tronco (15 ensayos), entrenamiento selectivo del tronco (14 ensayos) y entrenamiento del tronco inestable (16 ensayos).

Notas de traducción: 

La traducción de las revisiones Cochrane ha sido realizada bajo la responsabilidad del Centro Cochrane Iberoamericano, gracias a la suscripción efectuada por el Ministerio de Sanidad del Gobierno de España. Si detecta algún problema con la traducción, por favor, contacte con comunica@cochrane.es.

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