¿Las intervenciones de comunicación son efectivas para los niños con trastorno del espectro autista mínimamente verbales?

Antecedentes

El trastorno del espectro autista (TEA) es una afección que se caracteriza por dificultades con los aspectos sociales de la comunicación e intereses y comportamientos repetitivos y restringidos (p.ej., movimientos corporales repetitivos como aleteo de las manos, sensibilidades sensoriales e intereses circunscritos). Los pacientes con TEA con frecuencia también tienen dificultades con el lenguaje, y alrededor del 25% al 30% de los niños no pueden utilizar el lenguaje verbal para comunicarse o son mínimamente verbales (uso de menos de 30 palabras). La capacidad de comunicarse es una habilidad fundamental para la vida y las dificultades con la comunicación pueden tener una variedad de consecuencias negativas como un rendimiento académico más bajo, una calidad de vida más deficiente y dificultades conductuales. Las intervenciones de comunicación en general intentan mejorar la capacidad de los niños de comunicarse través del habla o al complementar el habla con otros medios (p.ej., lenguaje por señas o imágenes).

¿Qué se analizó?

Se realizaron búsquedas en 18 bases de datos y registros de ensayos en noviembre de 2016 y se actualizó la búsqueda en noviembre de 2017.

¿Qué encontró este estudio?

Se identificaron dos ensayos que incluyeron a 154 niños que presentaban TEA y eran mínimamente verbales (32 meses a 11 años). Los estudios aleatorios dividieron a los participantes en los que recibieron una intervención de comunicación y un grupo control que no recibió la intervención, pero recibió el tratamiento habitual en la comunidad. Los dos estudios se centraron principalmente en los resultados de comunicación (verbal y no verbal). Uno de los estudios también recopiló información sobre la comunicación social. Ningún estudio recopiló información sobre los eventos adversos, otras habilidades de comunicación, la calidad de vida ni los resultados conductuales.

Un estudio analizó una intervención de comunicación alternativa y aumentativa (CAA) (Picture Exchange Communication System; PECS), que los profesores proporcionaron a los niños en la escuela. Esta intervención se realizó durante cinco meses e incluyó la formación y la consulta de los profesores. El PECS es un enfoque por etapas donde a los niños se les enseña a intercambiar una imagen individual de un ítem o acción deseada con otra persona que luego responde a la solicitud. El sistema progresa hacia agrupar las imágenes en oraciones y utilizar estas oraciones de diversas maneras como formular observaciones y responder a las preguntas. Este estudio incluyó a 84 participantes (73 niños) de cuatro a 11 años de edad y fue financiado por Three Guineas Trust. El otro estudio analizó una intervención principalmente verbal (intervención centrada en el juego; FPI), que es un programa domiciliario de educación de los padres que tiene como objetivos promover el juego coordinado con juguetes entre los padres y los niños. Este estudio incluyó a 70 participantes (64 niños) de 32 meses a 82 meses de vida y fue financiado por una subvención de la Clinical and Patient Educators Association (HD35470) del National Institute of Child Health and Human Development, el MIND Institute Research Program y una subvención de Professional Staff Congress-City University of New York.

Resultados principales

Hay evidencia limitada de que las intervenciones principalmente verbales y de CAA mejoran el habla y la comunicación no verbal en los niños con TEA mínimamente verbales. Los dos estudios incluidos en esta revisión informaron ganancias en aspectos de la comunicación verbal o no verbal (o ambos) en algunos niños inmediatamente después de la intervención. Ninguna de las intervenciones dio lugar a mejorías en la comunicación verbal o no verbal que se mantuvieran con el transcurso del tiempo en la mayoría de los niños. La calidad general de la evidencia se consideró muy baja porque solo se encontraron dos estudios elegibles que incluyeron pocos participantes. Además, ambos estudios tuvieron algunas limitaciones metodológicas que aumentaron el riesgo de sesgo.

Recomendaciones

En la actualidad hay evidencia limitada de que las intervenciones principalmente verbales y de CAA mejoran las habilidades expresivas de comunicación en los niños con TEA mínimamente verbales de 32 meses a 11 años de edad. Se requieren con urgencia ensayos adicionales que utilicen intervenciones de comunicación y comparen los efectos de estas intervenciones con un grupo control para construir la base de evidencia.

Conclusiones de los autores: 

Hay evidencia limitada de que las intervenciones principalmente verbales y de CAA mejoran el habla y la comunicación no verbal en los niños con TEA mínimamente verbales. Un número significativo de estudios han investigado las intervenciones de comunicación en niños con TEA mínimamente verbales; sin embargo, solo dos estudios cumplieron con los criterios de inclusión para esta revisión y se consideró que la calidad general de la evidencia fue muy baja. En el estudio que utilizó una intervención de CAA hubo ganancias significativas en la frecuencia de uso del PECS e iniciaciones verbales y no verbales, pero no fue así en el vocabulario expresivo o la comunicación social inmediatamente después de la intervención. En el estudio que investigó una intervención principalmente verbal, no hubo ganancias significativas en el lenguaje expresivo después de la intervención, pero los niños con menor lenguaje expresivo al comienzo del estudio mejoraron más que los niños con mejor lenguaje expresivo al inicio. Ningún estudio investigó los eventos adversos, otras habilidades de comunicación, la calidad de vida ni los resultados conductuales. Los ECA futuros que comparen dos intervenciones e incluyan un grupo control permitirán comprender mejor los efectos del tratamiento en el contexto de la maduración espontánea y permitirán comparar diferentes intervenciones, así como investigar los factores moderadores.

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Antecedentes: 

El trastorno del espectro autista (TEA) tiene una prevalencia de alrededor del 1,7% de la población. Los pacientes con TEA a menudo también tienen dificultades con el lenguaje y alrededor del 25% al 30% de los niños con TEA no logran desarrollar un lenguaje funcional o son mínimamente verbales. La capacidad de comunicarse de manera efectiva es una habilidad fundamental para la vida, y las dificultades con la comunicación pueden tener una variedad de resultados adversos, incluido un logro académico más deficiente, dificultades conductuales y calidad de vida reducida. Históricamente, la mayoría de los estudios han investigado las intervenciones de comunicación en niños verbales con TEA. No se puede suponer que las mismas intervenciones funcionarán en los niños con TEA mínimamente verbales.

Objetivos: 

Evaluar los efectos de las intervenciones de comunicación en los niños con TEA mínimamente verbales.

Estrategia de búsqueda (: 

Se hicieron búsquedas en CENTRAL, MEDLINE y Embase así como en otras 12 bases de datos y en tres registros de ensayos en noviembre 2017. También se verificaron las listas de referencias de todos los estudios incluidos y revisiones relevantes, se contactó con expertos en el tema, así como con los autores de los estudios identificados sobre otros estudios potencialmente relevantes en curso y no publicados.

Criterios de selección: 

Ensayos controlados aleatorios (ECA) de intervenciones centradas en la comunicación en niños (menores de 12 años de edad) diagnosticados con TEA y que son mínimamente verbales (menos de 30 palabras funcionales o incapaces de utilizar solo el habla para comunicarse), en comparación con ningún tratamiento, control en lista de espera o tratamiento habitual.

Obtención y análisis de los datos: 

Se utilizaron los procedimientos metodológicos estándar Cochrane.

Resultados principales: 

Esta revisión incluye dos ECA (154 niños de 32 meses a 11 años de edad) de intervenciones de comunicación en niños con TEA mínimamente verbales en comparación con un grupo control (tratamiento habitual). Un ECA utilizó una intervención principalmente verbal (intervención centrada en el juego; FPI) administrada por los padres en el domicilio, mientras que el otro utilizó una intervención de comunicación alternativa y aumentativa (CAA) (Picture Exchange Communication System; PECS) administrada por los profesores en un contexto escolar.

El estudio de FPI se realizó en los EE.UU. e incluyó a 70 participantes (64 niños) de 32 a 82 meses de vida que había recibido un diagnóstico de TEA y eran mínimamente verbales. Esta intervención se centró en el desarrollo del juego con juguetes coordinado entre el niño y los padres. Los participantes recibieron 12 sesiones de entrenamiento de los padres en el domicilio durante 90 minutos por sesión durante 12 semanas, y también invitaron a los padres a que asistieran a sesiones de entrenamiento. Este estudio fue financiado por el National Institute of Child Health and Human Development, el MIND Institute Research Program y una subvención de Professional Staff Congress-City University of New York. El estudio del PECS incluyó 84 participantes mínimamente verbales (73 niños) de cuatro a 11 años de edad con un diagnóstico formal de TEA y que no habían utilizado el PECS más allá de la fase 1 al inicio. Todos los niños asistían a clases o unidades específicas de autismo, y la mayoría de las clases tenían un cociente niño-adulto de 2:1. Los profesores y los padres recibieron entrenamiento con el PECS (taller de dos días). Los consejeros del PECS también realizaron seis consultas de medio día con cada clase una vez por mes durante cinco meses. Este estudio se realizó en el Reino Unido y fue financiado por Three Guineas Trust.

Ambos estudios incluidos tuvieron riesgo alto o incierto de sesgo en al menos cuatro de las siete categorías de "riesgo de sesgo", y el área más problemática fue la falta de cegamiento de los participantes y el personal. Mediante el enfoque GRADE, la calidad general de la evidencia se consideró muy baja debido al riesgo de sesgo, la imprecisión (tamaños de la muestra pequeños e intervalos de confianza amplios) y porque solo se identificó un ensayo por tipo de intervención (es decir, principalmente verbal o CAA).

Los dos estudios se centraron principalmente en los resultados de comunicación (verbal y no verbal). Uno de los estudios también recopiló información sobre la comunicación social. El estudio de FPI no encontró mejoras significativas en la comunicación hablada medida a través del dominio lenguaje expresivo de la Mullen Scale of Early Learning expressive language, después de la intervención. Sin embargo, este estudio encontró que los niños con menor lenguaje expresivo al inicio (menos de 11,3 meses de edad equivalente) mejoraron más que los niños con mejor lenguaje expresivo, y que la intervención dio lugar a ganancias en el lenguaje expresivo en algunos niños. El estudio del PECS encontró que los niños reclutados en la intervención de CAA tuvieron muchas más probabilidades de utilizar las iniciaciones verbales y los símbolos del PECS inmediatamente después de la intervención; sin embargo, las ganancias no se mantuvieron después de diez meses. No hubo evidencia de que la CAA mejorara la frecuencia del habla, el vocabulario verbal expresivo ni la comunicación social o el lenguaje pragmático de los niños inmediatamente después de la intervención. En general, ninguna de las intervenciones (PECS o FPI) dio lugar a mejoras mantenidas en el habla o la comunicación no verbal en la mayoría de los niños.

Ningún estudio recopiló información sobre los eventos adversos, otras habilidades de comunicación, la calidad de vida ni los resultados conductuales.

Notas de traducción: 

La traducción y edición de las revisiones Cochrane han sido realizadas bajo la responsabilidad del Centro Cochrane Iberoamericano, gracias a la suscripción efectuada por el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad del Gobierno español. Si detecta algún problema con la traducción, por favor, contacte con Infoglobal Suport, cochrane@infoglobal-suport.com.

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