Título: Intervenciones para la promoción del ejercicio habitual en pacientes con cáncer o que han presentado la enfermedad

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Pregunta: ¿Cuáles son las maneras más eficaces para mejorar y mantener la conducta de ejercitarse en los supervivientes de cáncer, o sea, los pacientes con cáncer o que han presentado la enfermedad?

Antecedentes: Estar habitualmente activo puede tener un amplio rango de efectos beneficiosos para los pacientes con cáncer o que han presentado la enfermedad. Dichos efectos varían desde mejorar la calidad de vida hasta mejorar la función física. También podría reducir el riesgo de recidiva del cáncer y de morir por cáncer. Se sabe que la mayoría de los pacientes con cáncer o que han presentado la enfermedad no son físicamente activos regularmente. Por lo tanto, es necesario comprender cómo hacer que esos pacientes que no realizan actualmente ejercicios empiecen a ser activos y cómo ayudarles a mantener este cambio en la conducta.

Características de los estudios: Solamente se incluyeron estudios que compararon una intervención de ejercicios con una comparación de atención habitual. Solo fueron elegibles los estudios que incluyeron pacientes sedentarios mayores de 18 años con el mismo diagnóstico de cáncer. Los participantes debían haber sido ubicados en un grupo al azar. Se buscaron pruebas en las bases de datos de investigación hasta agosto de 2012.

Resultados clave: Esta revisión incluyó 14 ensayos con 648 participantes. Las pruebas indican que existe una comprensión deficiente de cómo estimular que los pacientes con cáncer o que han presentado la enfermedad cumplan las recomendaciones actuales de ejercicios. Además, no fue apropiada la forma en la cual los investigadores de los ensayos informan qué incluyó el programa de ejercicio y en qué medida los participantes realmente lo siguieron. Sin embargo, se encontraron algunas pruebas de que fijar metas de ejercicios, estimular el ejercicio en los pacientes, lograr que los pacientes monitorizaran su propia conducta y lograr que los pacientes pensaran en cómo realizar ejercicios fuera de un ambiente supervisado podría ser útil. Además, se encontraron algunas pruebas que indicaron que los participantes en los estudios fueron más capaces de tolerar el esfuerzo de realizar el ejercicio hasta seis meses.

Calidad de la evidencia: Los problemas principales que se encontraron con respecto a la calidad de los estudios en esta revisión incluyeron no saber cómo los investigadores de los estudios realizaron la asignación al azar para los ensayos, y si los investigadores que hicieron las evaluaciones en los ensayos conocían a qué grupo se había asignado al azar el paciente que ellos evaluaban.

Conclusiones de los autores: 

Las intervenciones para promover el ejercicio en supervivientes de cáncer que informan mejores niveles de cumplimiento comparten técnicas comunes de cambio de la conducta. Lo anterior incluye fijar metas del programa, estimular la práctica y la automonitorización y estimular a los participantes a que intenten generalizar las conductas aprendidas en los ambientes de ejercicio supervisado a otros contextos no supervisados. Sin embargo, es probable que sea poco realista esperar que la mayoría de los supervivientes sedentarios alcancen las recomendaciones de las guías actuales de al menos 150 minutos por semana de ejercicio aeróbico. Al igual que todos los programas de ejercicio bien diseñados en cualquier contexto, las prescripciones se deben diseñar adaptadas a las capacidades individuales, y la frecuencia, duración e intensidad o los entrenamientos por grupos, repeticiones, intensidad o resistencia se deben generar sobre esta base.

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Antecedentes: 

Los efectos beneficiosos del ejercicio habitual para los pacientes con cáncer o que han presentado la enfermedad son evidentes. Sin embargo, aún no se sabe bien cómo promover la conducta de ejercitarse en cohortes sedentarias con cáncer. Una gran mayoría de pacientes que viven con o se recuperan de un cáncer no cumplen las recomendaciones de ejercitarse. Por lo tanto, es importante examinar las pruebas de cómo promover y mantener la conducta de ejercitarse.

Objetivos: 

Evaluar los efectos de las intervenciones para promover la conducta de ejercitarse en pacientes sedentarios con cáncer o que han presentado la enfermedad y abordar la siguiente pregunta: ¿Qué intervenciones son las más eficaces para mejorar la capacidad aeróbica y la fuerza y la resistencia musculoesquelética? ¿Qué efectos adversos se atribuyen a las diferentes intervenciones con ejercicios? ¿Qué intervenciones son las más eficaces para mejorar la conducta de ejercitarse entre los pacientes con diferentes cánceres? ¿Qué intervenciones es más probable que promuevan la conducta de ejercitarse a largo plazo (12 meses o más)? ¿Qué frecuencia de contacto con entrenadores profesionales se asocia con un aumento en la conducta de ejercitarse? ¿Qué base teórica se asocia con mayor frecuencia con un aumento en la conducta de ejercitarse? ¿Qué técnicas de cambio de la conducta se asocian con mayor frecuencia con un aumento en la conducta de ejercitarse?

Estrategia de búsqueda (: 

Se hicieron búsquedas en las siguientes bases de datos electrónicas: Registro Cochrane Central de Ensayos Controlados (Cochrane Central Register of Controlled Trials) (CENTRAL, The Cochrane Library, número 8, 2012), MEDLINE, EMBASE, AMED, CINAHL, PsycLIT/PsycINFO, SportDiscus y en PEDro, desde su inicio hasta agosto de 2012. También se buscó en la literatura gris, se les escribió a los principales expertos en el campo, se escribió a instituciones de beneficencia y se buscó en las listas de referencias de otras revisiones sistemáticas recientes.

Criterios de selección: 

Solamente se incluyeron ensayos controlados aleatorios (ECA) que compararon una intervención con ejercicios con un enfoque de atención habitual en pacientes sedentarios mayores de 18 años con un diagnóstico de cáncer primario homogéneo.

Obtención y análisis de los datos: 

Dos revisores que trabajaron de forma independiente (LB y KH) examinaron todos los títulos y resúmenes para identificar los estudios que podrían cumplir los criterios de inclusión, o que no fue posible excluir de manera segura sin evaluar el texto completo (p.ej. cuando no hubo resúmenes disponibles). Al menos dos miembros del equipo de revisión que trabajaron de forma independiente (LB y KH) resumieron formalmente todos los artículos elegibles mediante un formulario de obtención de datos. Cuando fue posible y apropiado se realizó un metanálisis de efectos fijos de los resultados de los estudios. Para los resultados continuos (p.ej. capacidad cardiorrespiratoria), se extrajo el valor final, la desviación estándar del resultado de interés y el número de participantes evaluados al seguimiento en cada brazo de tratamiento, para calcular la diferencia de medias estandarizada (DME) entre los brazos de tratamiento. Se utilizó la DME porque los investigadores utilizaron métodos heterogéneos para evaluar los resultados individuales. Si no fue posible ni apropiado realizar un metanálisis, los estudios se resumieron como narrativos.

Resultados principales: 

En esta revisión se incluyeron 14 ensayos con 648 participantes. Sólo se identificaron como elegibles los estudios que incluyeron el cáncer de mama, de próstata o colorrectal. Solo seis ensayos incorporaron un nivel objetivo de ejercicios que podría cumplir las recomendaciones actuales. Sólo se identificaron tres ensayos que intentaron validar objetivamente la conducta de ejercitarse independiente con acelerómetros o la monitorización de la frecuencia cardíaca. El cumplimiento con las intervenciones con ejercicios, que es crucial para comprender la dosis de tratamiento, a menudo se informa de manera deficiente. Es importante señalar que las medidas fundamentales de la conducta de ejercitarse (es decir frecuencia, intensidad y duración, repeticiones, grupos e intensidad del entrenamiento de resistencia), aunque fáciles de administrar e informar, rara vez se incluyen en los ensayos clínicos publicados.

Ninguno de los ensayos incluidos informó que el cumplimiento del 75% o más (el resultado primario declarado para esta revisión) en el grupo de intervención se ajustó a las recomendaciones actuales de ejercicios aeróbicos en cualquiera de los períodos de seguimiento. Solo dos ensayos informaron seis semanas de la conducta de ejercitar la resistencia, que cumpliría con las recomendaciones de las guías. Sin embargo, tres ensayos informaron el cumplimiento del 75% o más de una meta de ejercicios aeróbicos, que fue menor que la recomendación de las guías actuales de 150 minutos por semana. Los tres incorporaron componentes de ejercicios supervisados e independientes como parte de la intervención, y ninguno estableció restricciones en el grupo control en cuanto a la conducta de ejercitarse. Estos tres ensayos compartieron metas de conjuntos de programas y las siguientes técnicas de cambio de la conducta: generalización de una conducta objetiva; estimulación de la automonitorización de la conducta; y la estimulación de la práctica. A pesar de la incertidumbre alrededor del cumplimiento en muchos de los ensayos incluidos, las intervenciones dieron lugar a mejorías en la tolerancia al ejercicio aeróbico a las ocho a 12 semanas (de siete estudios, DME 0,73; intervalo de confianza [IC] del 95%: 0,51 a 0,95) en los participantes en la intervención en comparación con los controles. A los seis meses, la tolerancia al ejercicio aeróbico también mejoró (de cinco estudios, DME 0,70; IC del 95%: 0,45 a 0,94), pero se debe señalar que cuatro de los cinco ensayos utilizados en este análisis tuvieron un alto riesgo de sesgo, por lo que se justifica tener precaución al interpretar los resultados. El desgaste en el curso de estas intervenciones es habitualmente bajo (mediana 6%).

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