Exámenes vaginales habituales en el trabajo de parto

Para el parto de un recién nacido, el cuello uterino de la madre debe cambiar de estar cerrado a estar abierto alrededor de 10 centímetros ("dilatado"). Los exámenes vaginales proporcionan información sobre cuán ampliamente dilatado está el cuello uterino, cuánto ha adelgazado y la posición de la presentación fetal en la pelvis de la madre. Lo anterior forma parte de la evaluación de la evolución de la paciente en trabajo de parto, aunque saber la dilatación del cuello uterino de la paciente es una variable predictiva deficiente del momento en el que dará a luz. Los patrones y la velocidad del trabajo de parto pueden variar de manera significativa entre diferentes mujeres, y en la misma mujer en diferentes trabajos de parto. Los trabajos de parto muy lentos se pueden asociar con dificultades para la madre y el recién nacido. Los trabajos de parto anormalmente lentos (distocia) a veces pueden provocar problemas neurológicos en el recién nacido e incontinencia urinaria y fecal a largo plazo en la madre, especialmente en los países de bajos ingresos. Los exámenes vaginales intentan asegurar a la paciente (y al personal) que el progreso del trabajo de parto es normal, y proporcionar señales anticipadas si no es el caso. En los países de bajos ingresos, puede tomar algún tiempo obtener ayuda, y los exámenes vaginales pueden permitir la derivación apropiada de contextos comunitarios a la atención hospitalaria. Si los trabajos de parto que son lentos, pero no anormales, se diagnostican erróneamente como anormales, pueden dar lugar a intervenciones innecesarias, como el uso de fármacos para tratar de acelerar el trabajo de parto o el uso de cesárea o fórceps para dar a luz. También hay inquietudes acerca de introducir infección en el útero y en el recién nacido, especialmente en los países de bajos ingresos en los que los guantes desechables, o los guantes reutilizables y los desinfectantes, no están fácilmente disponibles. Además, algunas mujeres encuentran el proceso de exámenes vaginales incómodo o angustiante, por lo que es importante que haya pruebas convincentes para su uso. Se buscaron estudios para determinar cuán eficaces son los exámenes vaginales habituales en trabajo de parto para reducir los problemas de las madres y los recién nacidos.

Se encontraron dos estudios realizados en la década de 1990 en países de altos ingresos, pero su calidad fue incierta. Un estudio con 307 mujeres comparó los exámenes vaginales y rectales habituales en trabajo de parto. En este estudio, menos mujeres informaron que los exámenes vaginales fueran muy incómodos comparados con los exámenes rectales. El otro estudio que incluyó a 150 mujeres comparó exámenes vaginales cada dos horas y cada cuatro horas, pero no se observaron diferencias en los resultados.

No se identificaron pruebas convincentes para apoyar o rechazar los exámenes vaginales habituales en trabajo de parto; no obstante, ésta es una práctica frecuente en todo el mundo. Se necesitan más estudios de investigación para determinar si los exámenes vaginales son una medida útil para evaluar el progreso del trabajo de parto normal y anormal. Si el examen vaginal no es una buena medida del progreso, existe la necesidad urgente de identificar y evaluar una medida alternativa para asegurar el mejor resultado para las madres y los recién nacidos.

Conclusiones de los autores: 

Según las preferencias de las pacientes, el examen vaginal parece ser preferible al examen rectal. En todos los otros resultados no se encontraron pruebas que apoyen o rechacen la administración de exámenes vaginales habituales en trabajo de parto para mejorar los resultados de las pacientes y los recién nacidos. Los dos estudios incluidos en la revisión fueron pequeños y se realizaron en países de altos ingresos en la década de 1990. Es sorprendente que haya un uso tan generalizado de esta intervención sin pruebas convincentes de la efectividad, en particular, al considerar la sensibilidad del procedimiento en las pacientes que lo reciben y la posibilidad de consecuencias adversas en algunos contextos.

La efectividad del uso y el momento de los exámenes vaginales habituales en trabajo de parto y otras formas de evaluar el progreso del trabajo de parto, incluidas las señales conductuales maternas, debe ser el foco de nuevos estudios de investigación como un asunto urgente. A los criterios de las pacientes sobre las formas de evaluar el progreso del trabajo de parto se les debe asignar alta prioridad en cualquier estudio de investigación futuro en esta área.

Leer el resumen completo…
Antecedentes: 

Los exámenes vaginales se han convertido en una intervención habitual en el trabajo de parto como una forma de evaluar el progreso del mismo. Utilizados a intervalos regulares, solos o como un componente del partograma (un formulario impreso previamente que proporciona un resumen pictórico del progreso del trabajo de parto), su objetivo es evaluar si el trabajo de parto progresa fisiológicamente y proporcionar señales anticipadas del progreso lento. El progreso anormalmente lento puede ser un signo de distocia del trabajo de parto, que se asocia con morbilidad y mortalidad materna y fetal, en particular en los países de bajos ingresos, donde no siempre se puede acceder fácilmente a las intervenciones apropiadas. Sin embargo, el diagnóstico exagerado de distocia puede provocar morbilidad iatrogénica debido a una intervención innecesaria (p.ej., parto vaginal operatorio o cesárea). Por lo tanto, es importante establecer si el uso habitual de los exámenes vaginales es una intervención eficaz como una herramienta de diagnóstico para la distocia cierta del trabajo de parto, y como una medida exacta del progreso fisiológico del trabajo de parto.

Objetivos: 

Comparar la efectividad, la aceptabilidad y las consecuencias de la/s revisión/es vaginal/es digital/es (solas o dentro del contexto del partograma) con otras estrategias o diferentes momentos para evaluar el progreso durante el trabajo de parto a término.

Estrategia de búsqueda (: 

Se hicieron búsquedas en el registro de ensayos del Grupo Cochrane de Embarazo y Parto (Cochrane Pregnancy and Childbirth Group) (28 de febrero de 2013) y en listas de referencias de estudios identificados.

Criterios de selección: 

Se incluyeron los ensayos controlados aleatorios (ECA) de exámenes vaginales (incluida la evaluación digital de la consistencia del cuello uterino y el grado de dilatación y la posición de la abertura del útero (orificio cervical); y la posición y estación de la parte de presentación fetal, con o sin palpación abdominal) en comparación con otras formas de evaluar el progreso del trabajo de parto. También se incluyeron los estudios que evaluaron diferentes momentos de realización de los exámenes vaginales. Se excluyeron los ensayos cruzados y los ensayos cuasialeatorios. También se excluyeron los ensayos con énfasis primario en evaluar el progreso del trabajo de parto mediante el partograma (del que los exámenes vaginales son un componente), ya que este tema se analiza en otra revisión Cochrane. Sin embargo, los estudios que utilizaron los exámenes vaginales dentro del contexto del partograma se incluyeron si los estudios se asignaron al azar según el componente examen vaginal.

Obtención y análisis de los datos: 

Tres revisores evaluaron los estudios para su inclusión en la revisión. Dos revisores realizaron la extracción independiente de los datos y evaluaron el riesgo de sesgo de cada estudio incluido. Un tercer revisor también verificó la extracción de los datos y el riesgo de sesgo. Se verificó la introducción de los datos.

Resultados principales: 

Se encontraron dos estudios que cumplieron los criterios de inclusión, pero fueron de calidad incierta. Un estudio que incluyó a 307 mujeres comparó exámenes vaginales con exámenes rectales y el otro estudio, que incluyó a 150 mujeres, comparó exámenes vaginales cada dos horas con cada cuatro horas. Ambos estudios fueron de calidad incierta en cuanto al riesgo de sesgo de selección, y el estudio que comparó el momento de realización de los exámenes vaginales excluyó del 27% (cada dos horas) al 28% (cada cuatro horas) de las pacientes después de la asignación al azar porque dejaron de cumplir con los criterios de inclusión.

Cuando se compararon los exámenes vaginales habituales con los exámenes rectales habituales para evaluar el progreso del trabajo de parto, no se identificaron diferencias en las infecciones neonatales que requirieron antibióticos (cociente de riesgos [CR] 0,33; intervalo de confianza [IC] del 95%: 0,01 a 8,07; un estudio, 307 recién nacidos). No hubo datos sobre otros resultados primarios como duración del trabajo de parto, infecciones maternas que requirieron antibióticos y opiniones generales de las pacientes sobre el trabajo de parto. El estudio mostró que significativamente menos mujeres informaron que el examen vaginal fue muy incómodo comparado con los exámenes rectales (CR 0,42; IC del 95%: 0,25 a 0,70; un estudio, 303 mujeres). No se identificaron diferencias en resultados secundarios como estimulación, cesárea, parto vaginal espontáneo, parto vaginal operatorio, mortalidad perinatal e ingreso a cuidados intensivos neonatales.

Al comparar los exámenes vaginales cada dos horas con los exámenes vaginales cada cuatro horas en el trabajo de parto, no se encontraron diferencias en la duración del trabajo de parto (diferencia de medias [DM] en minutos -6,00; IC del 95%: -88,70 a 76,70; un estudio, 109 mujeres). No hubo datos sobre otros resultados primarios como infecciones maternas o neonatales que requirieron antibióticos, ni las opiniones generales de las pacientes sobre el trabajo de parto. No se identificaron diferencias en resultados secundarios como estimulación, epidural para el alivio del dolor, cesárea, parto vaginal espontáneo y parto vaginal operatorio.

Tools
Information
Share/Save