Terapias conductuales y cognitivo-conductuales para el tratamiento del comportamiento agresivo en personas con discapacidad intelectual

Pregunta de la revisión

Esta revisión es una actualización de una versión anterior. El objetivo de la revisión fue averiguar si las terapias conductuales y cognitivo-conductuales son más efectivas para reducir el comportamiento agresivo en adultos y niños con discapacidad intelectual, en comparación con un grupo de control que no recibió ninguna intervención.

Antecedentes

El comportamiento desafiante es una causa importante de exclusión social de las personas con discapacidad intelectual. No hay evidencia firme sobre qué terapias son más útiles para reducir el comportamiento agresivo de las personas con discapacidad intelectual.

Características de los estudios

Se realizaron búsquedas en varias bases de datos electrónicas en abril de 2014 para asegurar que la revisión estaba actualizada. Se incluyeron seis estudios en la revisión con un total de 309 participantes. Tres estudios examinaron el manejo de la ira, un estudio examinó el entrenamiento de la asertividad y la resolución de problemas, un estudio examinó la "atención plena" basada en la meditación, y un estudio examinó la relajación modificada. Todos los estudios se realizaron en entornos comunitarios, salvo uno, que se llevó a cabo en un centro de internamiento forense. Cinco de esos estudios fueron pequeños, con entre 12 y 40 participantes, y uno fue un estudio grande de 179 participantes, que fue financiado por el National Institute for Health Research (NIHR) Health Technology Assessment (HTA) programme. No se disponía de información sobre la financiación de los demás estudios. Sólo se disponía de datos de seguimiento de dos estudios.

Resultados clave

Se encontraron mejores resultados en cinco estudios, incluyendo la reducción de los índices de ira y de incidentes agresivos al final del tratamiento. Un estudio encontró mejoras en las habilidades para sobrellevar la ira según lo informado por los trabajadores clave a las 16 semanas y 10 meses, pero ningún otro beneficio a largo plazo. En un estudio amplio, no se encontraron mejoras en la calidad de vida ni una reducción de los costos de los servicios de salud. Debido a las diferencias en los tipos de intervenciones, poblaciones y evaluaciones, no se pudieron combinar los resultados de los estudios.

Calidad de la evidencia

Hubo un gran estudio que presentó datos de calidad moderada sobre los resultados de interés. Los demás estudios incluidos eran pequeños y de calidad metodológica deficiente. En base a la evaluación de 'Grades of Recommendation, Assessment, Development and Evaluation' (GRADE), se consideró que la calidad de la evidencia sobre los resultados de interés iba de muy baja a moderada. Además, la diversidad de las intervenciones y de los grupos de participantes dificulta que podamos extraer conclusiones firmes sobre la efectividad de cualquier enfoque concreto. Por consiguiente, se necesitan más estudios de buena calidad con datos de seguimiento a largo plazo.

Conclusiones de los autores: 

La evidencia existente sobre la efectividad de las intervenciones conductuales y cognitivo-conductuales sobre la agresión dirigida hacia el exterior en niños y adultos con discapacidad intelectual es limitada. Hay una escasez de ensayos clínicos metodológicamente sólidos y una falta de datos de seguimiento a largo plazo. Dadas las repercusiones de esos comportamientos en la persona y sus trabajadores de apoyo, es esencial que las intervenciones sean efectivas. Se recomienda que se realicen ensayos controlados aleatorizados de suficiente poder estadístico utilizando resultados primarios que incluyan la reducción del comportamiento agresivo dirigido hacia el exterior, la mejora de la calidad de vida y el coste-efectividad.

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Antecedentes: 

El comportamiento agresivo dirigido hacia el exterior es una parte importante de los comportamientos problemáticos que presentan las personas con discapacidad intelectual. En la literatura, se han registrado tasas de prevalencia de hasta el 50%, dependiendo de la población de muestra. Esos comportamientos suelen tener una duración prolongada y son una de las principales causas de exclusión social. Esta es una actualización de una revisión sistemática publicada anteriormente (ver Hassiotis 2004; Hassiotis 2008).

Objetivos: 

Evaluar la eficacia de las intervenciones conductuales y cognitivo-conductuales sobre el comportamiento agresivo dirigido hacia el exterior en personas con discapacidad intelectual en comparación con la intervención estándar o los controles en lista de espera.

Métodos de búsqueda: 

En abril de 2014, se hicieron búsquedas en CENTRAL, Ovid MEDLINE, Embase y en otras ocho bases de datos. También se realizaron búsquedas en dos registros de ensayos, se verificaron las listas de referencias y se realizaron búsquedas manuales en las revistas pertinentes para identificar cualquier ensayo adicional.

Criterios de selección: 

Se incluyeron estudios si más de cuatro participantes (niños o adultos) fueron asignados por métodos aleatorios o cuasialeatorios a los grupos de intervención, tratamiento estándar o control en lista de espera.

Obtención y análisis de los datos: 

Dos autores de la revisión identificaron los estudios de forma independiente y extrajeron y evaluaron la calidad de los datos.

Resultados principales: 

Se consideraron seis estudios (309 participantes), basados en poblaciones adultas con discapacidades intelectuales, aptos para su inclusión en la versión actual de esta revisión. Estos estudios examinaron una serie de enfoques de terapia cognitivo-conductual (TCC): manejo de la ira (tres estudios (n = 235); una terapia individual y dos de grupo); relajación (un estudio; n = 12), atención plena basada en la meditación (un estudio; n = 34), resolución de problemas y entrenamiento para la asertividad (un estudio; n = 28). No se pudo incluir ningún estudio que utilizara intervenciones conductuales. No hubo estudios de niños.

Sólo un estudio informó sobre la calidad moderada de la evidencia de los resultados de interés, según la evaluación Grades of Recommendations, Assessment, Development and Evaluation (GRADE). Se consideró que la evidencia de los estudios restantes era de muy baja a baja calidad. La mayoría de los estudios corría el riesgo de sesgo en dos o más dominios: un estudio no asignó los participantes al azar y en dos estudios el proceso de asignación al azar fue poco claro; en un estudio no hubo ocultación de la asignación y en tres estudios esto fue poco claro; el cegamiento de los evaluadores no ocurrió en tres estudios; los datos de resultado incompletos se presentaron en un estudio y fueron poco claros en dos estudios; hubo informes selectivos en un estudio; y otros sesgos estuvieron presentes en un estudio y fueron poco claros en cuatro estudios.

Tres de los seis estudios mostraron algún beneficio de la intervención en la mejora de los índices de ira. No se realizó un metanálisis, ya que se consideró que los estudios eran demasiado heterogéneos para combinarlos (por ejemplo, debido a las diferencias en los tipos de participantes, las intervenciones de tamaño de la muestra y las medidas de resultado).

En dos estudios, se dispuso de datos de seguimiento de las calificaciones de la ira tanto para el grupo de tratamiento como para el de control. Sólo uno de estos estudios (n = 161) tenía datos adecuados a largo plazo (10 meses), en los que se encontró algún beneficio del tratamiento en el seguimiento (mejora continua de la capacidad de afrontamiento de la ira según la calificación de los trabajadores clave; evidencia de calidad moderada).

Dos estudios (n = 192) informaron alguna evidencia de que la intervención reduce el número de incidentes de agresión y un estudio (n = 28) informó evidencia de que la intervención mejoró los síntomas de salud mental.

Un estudio investigó los efectos de la intervención en la calidad de vida y el coste de la utilización de la atención sanitaria y social. Este estudio proporcionó evidencia de calidad moderada, que sugiere que, en comparación con la ausencia de tratamiento, las intervenciones conductuales o cognitivo-conductuales no mejoran la calidad de vida a las 16 semanas (n = 129) o a los 10 meses de seguimiento (n = 140), ni reducen el coste de la utilización de los servicios de salud (n = 133).

Sólo un estudio (n = 28) evaluó el funcionamiento adaptativo. Informó evidencia de que la asertividad y la capacitación para la resolución de problemas mejoraban el comportamiento de adaptación.

Ningún estudio informó datos sobre eventos adversos.

Notas de traducción: 

La traducción y edición de las revisiones Cochrane han sido realizadas bajo la responsabilidad del Centro Cochrane Iberoamericano, gracias a la suscripción efectuada por el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad del Gobierno español. Si detecta algún problema con la traducción, por favor, contacte con Infoglobal Suport, cochrane@infoglobal-suport.com.

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