Imaginería motora para la rehabilitación de la marcha

Pregunta de la revisión

¿Es la imaginería motora (IM) una técnica efectiva para mejorar la marcha (capacidad de andar) tras sufrir un ictus?

Antecedentes

La incapacidad para andar tras sufrir un ictus afecta a la independencia, movilidad, las actividades cotidianas y la participación en actividades de la comunidad. La IM es un tipo de terapia que utiliza la imaginación del movimiento (sin moverse realmente). Se ha recomendado en la rehabilitación de personas que han sufrido un ictus para fomentar el reaprendizaje del movimiento.

Características de los estudios

La fecha de la búsqueda más reciente fue el 24 de febrero de 2020. Se incluyeron 21 estudios, con 762 participantes (60% hombres y 40% mujeres), y una edad media que oscilaba entre los 50 y los 78 años. Los participantes incluidos en los estudios se encontraban en diferentes puntos temporales después del ictus, y la etiología (causas del ictus) también fue diversa. Todos los participantes podían caminar con alguna dificultad. Todos los estudios incluidos compararon la IM con otra intervención, y la práctica física fue la terapia más aplicada en los grupos de comparación (control). En los grupos experimentales, la mayoría de los estudios incluidos utilizaron la IM combinada con la práctica física, y utilizaron la IM cinestésica (cuando alguien se imagina a sí mismo) o visual (cuando el individuo observa a otra persona). El tiempo de tratamiento de los grupos experimentales osciló entre dos y ocho semanas. En general, sólo tres de los estudios incluidos realizaron una evaluación de seguimiento después de las intervenciones.

Resultados clave

Se encontró evidencia de certeza muy baja de que la IM sola o combinada con la observación de la acción (un tipo de imaginería en la que los pacientes observan el movimiento) o la práctica física era superior a otras terapias para mejorar la velocidad al caminar en un período corto. Sin embargo, hay evidencia de certeza muy baja de que la IM no tuvo efectos más beneficiosos que otras terapias para mejorar la función motora y la movilidad funcional al final del tratamiento. No hubo evidencia suficiente para evaluar el efecto de la IM en la autonomía para realizar actividades cotidianas y la resistencia al caminar después de sufrir un ictus, ni para evaluar los efectos a mediano o largo plazo de la IM en todos los desenlaces evaluados. Aunque se notificaron de manera deficiente, no se observaron episodios adversos relacionados con la IM y otras terapias. Se desconoce si la marcha de las personas que han sufrido un ictus podría beneficiarse de la IM en comparación con el placebo o la no intervención.

Certeza de la evidencia

Se clasificó la certeza de la evidencia como muy baja porque muchos estudios presentaban cuestiones metodológicas preocupantes y un número pequeño de participantes, y no se siguieron las directrices sobre la forma en que debían comunicarse los estudios.

Conclusiones de los autores: 

Se encontró evidencia de certeza muy baja de los efectos beneficiosos a corto plazo de la IM sobre la velocidad de marcha en las personas que han sufrido un accidente cerebrovascular, en comparación con otras terapias. La evidencia era insuficiente para estimar el efecto de la IM en la dependencia de la asistencia personal y la resistencia al caminar. En comparación con otras terapias, la evidencia indica que la IM no mejora la función motora y la movilidad funcional después de sufrir un accidente cerebrovascular (evidencia de certeza muy baja). La evidencia tampoco fue suficiente para estimar el efecto de la IM sobre la marcha, la función motora y la movilidad funcional después de un accidente cerebrovascular en comparación con el placebo o la no intervención. La imaginería motora y otras terapias utilizadas para la rehabilitación de la marcha después de un accidente cerebrovascular no parecen causar episodios adversos significativos.

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Antecedentes: 

La imaginería motora (IM) se define como un ejercicio practicado mentalmente en el que se imagina el movimiento pero no se realiza. La técnica incluye movimientos corporales imaginarios repetitivos o la práctica de actos imaginarios para mejorar el rendimiento motor.

Objetivos: 

Evaluar los efectos del tratamiento de la IM para mejorar la capacidad de caminar de las personas después de sufrir un accidente cerebrovascular.

Métodos de búsqueda: 

Se hicieron búsquedas en el registro del Grupo Cochrane de Accidentes cerebrovasculares, CENTRAL, MEDLINE, Embase y en otras siete bases de datos. También se buscó en registros de ensayos y listas de referencias. Las últimas búsquedas se realizaron el 24 de febrero de 2020.

Criterios de selección: 

Ensayos controlados aleatorizados (ECA) que utilizan la IM sola o asociada con la observación de la acción o la práctica física para mejorar la marcha de las personas después de sufrir un accidente cerebrovascular. El desenlace crítico fue la capacidad de caminar, evaluada mediante una variable continua (velocidad de marcha) o una variable dicotómica (dependencia de la asistencia personal). Los desenlaces importantes incluyeron la resistencia al caminar, la función motora, la movilidad funcional y los episodios adversos.

Obtención y análisis de los datos: 

Dos autores de la revisión seleccionaron de forma independiente los ensayos según los criterios de inclusión predefinidos, extrajeron los datos, evaluaron el riesgo de sesgo y aplicaron el método GRADE para evaluar la certeza de la evidencia. Los autores de la revisión contactaron con los autores de los estudios para obtener aclaraciones y por los datos faltantes.

Resultados principales: 

Se incluyeron 21 estudios con un total de 762 participantes. Los participantes se encontraban en las etapas aguda, subaguda o crónica del accidente cerebrovascular y tenían una edad media de entre 50 y 78 años. Todos los participantes presentaron al menos algún déficit en la marcha. Todos los estudios compararon la IM con otras terapias. La mayoría de los estudios incluidos usaron la MI asociada con la práctica física en los grupos experimentales. El tiempo de tratamiento de los grupos experimentales osciló entre dos y ocho semanas. Hubo un riesgo alto de sesgo para al menos un dominio evaluado en 20 de los 21 estudios incluidos.

Con respecto al desenlace crítico, hubo evidencia de certeza muy baja de que la IM tuvo efectos más beneficiosos para mejorar la marcha (velocidad al caminar) en comparación con otras terapias al final del tratamiento (diferencia de medias estandarizada (DME) combinada 0,44; intervalo de confianza (IC) del 95%: 0,06 a 0,81; p = 0,02; seis estudios; 191 participantes; I² = 38%). No se incluyó el desenlace de la dependencia de la asistencia personal en el metanálisis, porque sólo un estudio proporcionó información sobre el número de participantes que se volvieron dependientes o autónomos después de las intervenciones.

Para los desenlaces importantes, hubo evidencia de certeza muy baja de que la IM no tuvo efectos más beneficiosos que otras intervenciones para mejorar la función motora (diferencia de medias combinada (DM) 2,24; IC del 95%: -1,20 a 5,69; p = 0,20; tres estudios; 130 participantes; I² = 87%) y la movilidad funcional al final del tratamiento (DME combinada 0,55; IC del 95%: -0,45 a 1,56; p = 0,09; cuatro estudios; 116 participantes; I² = 64,2%). No se observaron episodios adversos en los estudios que informaron de este desenlace (siete estudios). No se pudieron reunir datos sobre la resistencia al caminar y todos los demás desenlaces en el seguimiento.

Notas de traducción: 

La traducción de las revisiones Cochrane ha sido realizada bajo la responsabilidad del Centro Cochrane Iberoamericano, gracias a la suscripción efectuada por el Ministerio de Sanidad del Gobierno de España. Si detecta algún problema con la traducción, por favor, contacte con comunica@cochrane.es.

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