Entrenamiento en orientación y movilidad para adultos con baja visión

Entrenamiento en orientación y movilidad para adultos con baja visión

A menudo, el deterioro progresivo de la visión afecta a las personas que envejecen. El entrenamiento se utiliza para ayudar a las personas con baja visión a mantener la independencia en el traslado, con nuevas habilidades de orientación y movilidad para compensar la disminución de la información visual. La orientación es la capacidad de reconocer la posición de uno con respecto al entorno, mientras que la movilidad es la capacidad de moverse de manera segura y eficiente. El entrenamiento en orientación y movilidad enseña a las personas a utilizar su visión restante y otros sentidos para desplazarse. También pueden utilizarse bastones y ayudas ópticas. Hay pocas pruebas sobre qué tipo de entrenamiento en orientación y movilidad es mejor para las personas con baja visión que tienen características y necesidades específicas.

Conclusiones de los autores: 

La revisión encontró dos ensayos pequeños con métodos similares, que compararon el entrenamiento en O&M con el ejercicio físico y que no pudieron demostrar una diferencia. Por lo tanto, hay pocas pruebas sobre qué tipo de entrenamiento en orientación y movilidad es mejor para las personas con baja visión que tienen características y necesidades específicas. Los instructores en orientación y movilidad y los científicos deben planificar estudios controlados aleatorios para comparar la efectividad de diferentes tipos de entrenamiento en O&M. Es necesario un consenso para la adopción de los instrumentos de medición estándar del rendimiento de la movilidad que hayan probado ser confiables y sensibles a las diferentes necesidades de movilidad de las personas con baja visión. Para este fin, los cuestionarios y las pruebas basadas en el rendimiento pueden representar diferentes herramientas que exploran a personas con la experiencia subjetiva de baja visión o su funcionamiento objetivo, respectivamente.

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Antecedentes: 

El entrenamiento en orientación y movilidad (O&M) se proporciona a las personas que tienen deterioro visual para ayudarles a mantener la independencia durante el traslado. El mismo les enseña nuevas habilidades de orientación y movilidad para compensar la reducción de la información visual.

Objetivos: 

El objetivo de esta revisión fue evaluar los efectos del entrenamiento en O&M, con o sin dispositivos asociados, para los adultos con baja visión.

Estrategia de búsqueda: 

Se realizaron búsquedas en el Registro Cochrane Central de Ensayos Controlados (CENTRAL) (Cochrane Central Register of Controlled Trials) (que contiene el registro de ensayos del Grupo Cochrane de Trastornos de los Ojos y la Visión [Cochrane Eyes and Vision Group Trials Register]) en La Cochrane Library, MEDLINE, SIGLE, EMBASE, el National Research Register, Zetoc, LILACS y las listas de referencias de los artículos. Las búsquedas se actualizaron en 2006.

Criterios de selección: 

Se planificó incluir ensayos aleatorios o cuasialeatorios que compararan el entrenamiento en O&M con ningún entrenamiento en adultos con baja visión.

Obtención y análisis de los datos: 

Dos autores evaluaron de forma independiente los resultados de la búsqueda con respecto a la elegibilidad, evaluaron la calidad del estudio y extrajeron los datos.

Resultados principales

Dos estudios pequeños cumplieron los criterios de inclusión. Los mismos fueron fases consecutivas del desarrollo del mismo programa de entrenamiento y la misma herramienta de evaluación. La intervención la administró un voluntario sobre la base de instrucciones escritas y orales. En los dos estudios la técnica de asignación al azar fue inadecuada y se basó en la alternación; no se logró el ocultamiento. El entrenamiento no tuvo efecto alguno en el primer estudio, mientras que en el segundo se encontró que fue beneficioso. Las causas de estos hallazgos pueden ser: las puntuaciones altas obtenidas en el primer estudio, que indican poca necesidad de entrenamiento y un espacio pequeño para una mejoría adicional (un efecto de techo), así como el refinamiento del programa de estudios en el segundo ensayo, lo que permitió una mejor adaptación a las necesidades y características específicas de los pacientes.

Conclusiones de los autores

La revisión encontró dos ensayos pequeños con métodos similares, que compararon el entrenamiento en O&M con el ejercicio físico y que no pudieron demostrar una diferencia. Por lo tanto, hay pocas pruebas sobre qué tipo de entrenamiento en orientación y movilidad es mejor para las personas con baja visión que tienen características y necesidades específicas. Los instructores en orientación y movilidad y los científicos deben planificar estudios controlados aleatorios para comparar la efectividad de diferentes tipos de entrenamiento en O&M. Es necesario un consenso para la adopción de los instrumentos de medición estándar del rendimiento de la movilidad que hayan probado ser confiables y sensibles a las diferentes necesidades de movilidad de las personas con baja visión. Para este fin, los cuestionarios y las pruebas basadas en el rendimiento pueden representar diferentes herramientas que exploran a personas con la experiencia subjetiva de baja visión o su funcionamiento objetivo, respectivamente.

Esta revisión debería citarse como:Virgili G, Rubin GLa Biblioteca Cochrane PlusThe Cochrane Library
Resultados principales: 

Dos estudios pequeños cumplieron los criterios de inclusión. Los mismos fueron fases consecutivas del desarrollo del mismo programa de entrenamiento y la misma herramienta de evaluación. La intervención la administró un voluntario sobre la base de instrucciones escritas y orales. En los dos estudios la técnica de asignación al azar fue inadecuada y se basó en la alternación; no se logró el ocultamiento. El entrenamiento no tuvo efecto alguno en el primer estudio, mientras que en el segundo se encontró que fue beneficioso. Las causas de estos hallazgos pueden ser: las puntuaciones altas obtenidas en el primer estudio, que indican poca necesidad de entrenamiento y un espacio pequeño para una mejoría adicional (un efecto de techo), así como el refinamiento del programa de estudios en el segundo ensayo, lo que permitió una mejor adaptación a las necesidades y características específicas de los pacientes.

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